Redes.Com 15

credes15

CALL FOR PAPERS: REVISTA REDES.COM N. 15

La economía colaborativa en la era del capitalismo digital”

Coordinadores Monográfico: Ángel Gordo, Javier de Rivera y Paul Cassidy

Envío de originales

Fecha de cierre de la convocatoria: 15 de ABRIL de 2017

Fecha de publicación: OCTUBRE de 2017

Autores no registrados: Para el envío de originales los autores tienen que crear un usuario y contraseña: NUEVO USUARIO

Autores ya registrados: Recepción de originales y normas para usuarios ya cadastrados: SUBIR ARTÍCULO

e-ISSN: 2255-5919

 

Manuscript submission

Deadline: APRIL, 15th (2017)

Date of publishing: OCTOBER (2017)

To submit a manuscript you need to be registered with Redes.com

If you are already registered, click the following link

e-ISSN: 2255-5919

 

La economía colaborativa en la era del capitalismo digital

 

La Economía Colaborativa ha llegado a nuestras vidas, como de costumbre, pillando a traspiés a gran parte de los márgenes críticos de nuestras ciencias sociales. Tanto es así que la onda de esta autoproclamada economía alternativa, considerada como “movimiento” por sus devotos y “Cuarto Sector” por sus gurús, no duda en hacer suyas prácticas de apoyo, intercambio y regalo – o don- tan arraigadas en nuestro tejido social.

 

A finales de los 60 y principios de los 70 en los extrarradios de las ciudades españolas era habitual compartir furgonetas taxi para trayectos no cubiertos por los transportes públicos, tan habitual como ha sido desde siempre compartir taxi en las ciudades griegas. También era común en la España de la postguerra alquilar habitaciones bien fuera de manera ocasional (particulares) o regular (pensiones).  Más allá de estas prácticas, los regalos, intercambios y favores entre familiares y vecinos han sido y continúan siendo prácticas muy arraigadas en países como el nuestro con una fuerte tradición de cooperativismo y movimientos vecinales.

 

Coincidiendo con las respectivas crisis económicas (la crisis sectorial de las puntocom a principios del 2000 primero, y la gran crisis global de 2008 después) han surgido nuevos modelos de negocio que través de innovadores sistemas informáticos, se apoyan en el crowdsourcing y otras dinámicas de la red como el software libre, para desarrollar iniciativas que se presentan envueltas en lógicas de colaboración, solidaridad y sostenibilidad.  De ese modo, las prácticas de cooperación que hasta la fecha se mantenían en entornos informales, se organizan y estructuran masivamente a través de sistemas informáticos que permiten un escalamiento exponencial de las mismas, a condición de que se estandaricen y se regulen de forma centralizada por medio de las plataformas. Con este crecimiento las grandes empresas gestoras de las plataformas aumentan su volumen de negocio, obteniendo grandes beneficios, lo que en ocasiones despierta dudas sobre el nivel de cumplimiento de las obligaciones legales y fiscales de las compañías, y sobre todo de los usuarios que participan en ellas bajo el halo de la colaboración informal.

 

En este sentido, la lógica que rige gran parte de la economía colaborativa supone, por una parte, la transformación del consumidor en un pequeño  emprendedor. También supone la aparición de la figura del ‘prosumidor’, un usuario en el que se diluyen las funciones de consumidor y productor, pero siempre en el contexto de una estructura mayor –la plataforma- que provee a todos los usuarios de ese medio de intercambio. Es posible que esta tendencia suponga el incremento del alcance de las lógicas del libre Mercado, al extender la estandarización propia del intercambio económico a prácticas colaborativas que antes eran informales, sociales y locales. Aunque aún está por ver hasta qué punto estas prácticas fortalecen o debilitan el tejido social y asociativo.

 

Uno de los posibles riesgos asociados a ciertas tendencias de la economía colaborativa es la creación de nuevos monopolios de consumo que, aprovechando el valor añadido que aportan las nuevas tecnologías para rentabilizar la participación de los usuarios, expulsan del mercado a otras iniciativas y se imponen como reguladores de facto del intercambio económico. Si esta tendencia se reafirma, podría significar un mayor debilitamiento del estatus del ciudadano trabajador, pues cada vez más servicios pueden pasar a ser gestionados por esta economía colaborativa o informal.

 

En cualquier caso, son muchas las incógnitas respecto al efecto y al impacto de las prácticas de la economía colaborativa. Por un lado se prometen mayores oportunidades para los trabajadores, un mayor empoderamiento del consumidor y otras mejoras sociales, ambientales y económicas. Pero por otro lado, se entrevén algunos riesgos asociados a lo que podríamos llamar un nuevo tecnocapitalismo, con mega-plataformas comerciales que sustituyen a los intermediarios privados, al tiempo que escapan de la imposición y la regulación estatal, para regular en solitario determinados segmentos de la economía.

 

Otra de las cuestiones que nos planteamos explorar en este monográfico es el papel de la reputación online, entendida como elemento fundamental de las plataformas colaborativas, en el sentido que permite establecer el valor de las aportaciones de cada uno de los usuarios. En qué sentido la reputación virtual online (y su portabilidad entre plataformas y en general cualquier ámbito de emprendimiento) es susceptible de convertirse en un nuevo tipo de moneda (second currency) o, en términos generales, un nuevo recurso de diferenciación social, son igualmente cuestiones centrales.

 

Este monográfico está dedicado a solventar algunas de estas dudas, y a abrir el debate y el escrutinio sobre las cuestiones planteadas aquí,  así como otras relacionadas con la economía colaborativa entre las que incluimos las siguientes:

 

 

Os invitamos a responder a estas preguntas u otras similares que aborden el fenómeno de la Economía Colaborativa desde posiciones vigilantes y miradas informadas.

 

Collaborative economies in the ag of digital capitalism

 

 

The collaborative economy, in its various guises, seems to have caught much of the critical approaches in social sciences by surprise. In its eagerness to take centre stage, this self-proclaimed wave of alternative economies (a “movement” to its devotees and a “Fourth Sector” to its gurus) hasn’t hesitated in claiming for itself practices of support, exchange and gifting; so well rooted in our society. In Spain, for example, sharing taxi-vans was common practice in urban peripheries as a means to overcome public transport deficiencies in the late 1960s and early 1970s – similar to many Greek cities. In post-war Spain, it was also normal to rent rooms, either from time-to-time or on a more regular basis. Beyond these practices, gifts, exchanges and favours between relatives and neighbours have been, and continue to be, well-rooted customs in countries such as Spain with a strong cooperative tradition and a long history of neighbourhood organizations.

 

Along with different economic crises (the “dotcom” crisis in 2000 and the global economic crisis from 2008), new business models based on ICT innovations and supported by crowdsourcing practices have developed initiatives based on the logics of collaboration, solidarity and sustainability. What had previously been cooperative practices have now become structured and organized through web platforms and applications that permit their centralization, bureaucratization and standardization, which permits an exponential scaling up of activity. Under this model, these companies have experienced extraordinary growth and profit, which has brought into question how these corporations confront their legal and tax obligations, particularly among their users, who participate within an ‘ideal’ of informal collaboration.

 

The underlying logic of a large part of the collaborative economy is the transformation of consumers into micro-entrepreneurs. In this respect, we have seen the emergence of a new economic actor the so-called “prosumer”; users that blur the boundaries between consumers and producers, but who operate within the ‘structure’ provided by platforms. It is possible that this trend signifies an increase in the reach of free market logics by bringing standardized economic exchange to collaborative, informal, social and local practices. Although it is still up for debate to what extent these practices will strengthen or weaken social fabric and support networks.

 

Certainly one of the risks associated with the changes brought about by collaborative economies is the development of new consumer monopolies. By taking advantage of the capacity of new communications technologies to create added value, certain groups of platforms may act to push out other initiatives and to impose themselves as the de facto regulators of economic exchange under the banner of collaboration. Should this come to pass, it could mean an even greater weakening of the status of citizen-workers, as more enterprises opt for collaborative and informal economic models.

 

As such, there are still many unanswered questions about the effect and impact of practices around the collaborative economy. On the one hand, they seem to present more opportunities for workers, greater consumer empowerment and other social, environmental and economic benefits. On the other hand, risks associated with a new form of technocapitalism already seem evident; mega-platforms substitute private intermediaries, while managing specific segments of the economy without any State regulation and oversight.

 

Another issue is the question of on-line reputation as a key element within collaborative platforms, as it assigns value to each user’s contribution. So it is pertinent to consider to what extent virtual, on-line reputation (and its portability among different platforms and in general any area of entrepreneurship) is becoming a sort of “second currency” or, in other terms, a new source of social differentiation.

 

With a view to instigating debate and promoting greater levels of critical scrutiny in relation to these questions about the collaborative economy, this issue of Redes.com is devoted to the following theme areas:

 

 

We would like to invite responses to these and similar questions that confront the phenomenon of the collaborative economy from a critical and informed perspective.